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Sociedad

El problema de Haití no es normativamente el sistema

Guenscher Métayer | septiembre 27, 2019

Un sistema es una acumulación de acciones estructuradas basadas en el logro de una meta. En Haití, el sistema político se divide en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El buen funcionamiento del país a nivel político-administrativo depende casi del poder ejecutivo y legislativo.

Al ser independientes entre sí, el papel de cada uno de los 3 poderes está claramente definido por la constitución de 1987 enmendada. Uno limita al otro, sin embargo, deben adoptar una buena comunicación y la coherencia de sus prerrogativas para gestionar mejor el país.

¿Estos tres poderes realmente aplican lo que hay en sus atribuciones?

Hay una distorsión entre los hechos y las normas en este aspecto. El Poder Legislativo, como estructura de control político-administrativo, para hacer su trabajo cuando se trata de aprobar leyes para el buen funcionamiento del país, para monitorear y proteger los intereses de la gente, entre otros, preferiblemente va en contra estándares con sus prácticas paralelas que lo colocan en posición de ser juez y parte. Es atrevido pretender controlar a las personas en la administración pública.

El ejecutivo, como proveedor de corrupción, se erige como un cómplice principal del poder legislativo que, a través de la Presidencia, debería garantizar el buen funcionamiento de las instituciones. Es decir, en lugar de actuar en el mejor interés de la nación, el poder legislativo se transforma en un supermercado. Por lo tanto, para ratificar una declaración de política del Primer Ministro, es imperativo que el Ejecutivo lo recompense con puestos en instituciones públicas del país, o más directamente con miles de dólares.

Por otro lado, con respecto al poder ejecutivo, en lugar de poner a los parlamentarios en su lugar mientras los llama al orden, él pretende ignorar deliberadamente los principios establecidos por la constitución de 1987 enmendada para alimentar un contra-sistema. corrupto implementado por estos! Y este arreglo de actos inconstitucionales solo tiene la intención de ofrecerles la oportunidad de hacer una fortuna.

En Haití, no tenemos un problema de sistema en las normas, sino un problema de sistema inventado para establecer mejor la corrupción. Tenemos un problema de líderes, élites que ven la corrupción como un hecho consustancial de éxito. Uno tiene la impresión de que ser corrupto es promovido por la constitución cuando es falso.

Nuestra desventaja es la rutina de décadas de incumplimiento de las predisposiciones constitucionales, y esta adaptación de este sistema corrupto, que siempre ha sido implementado por el Ejecutivo, la Legislatura y la élite económica.

Un verdadero líder tiene carácter, establece el tono, respeta y hace cumplir los procedimientos provistos por el sistema requerido por la constitución de un país. Un presidente debe ser, sobre todo, un líder que sepa decir no a las travesuras y la corrupción.

Entre lo que se hace y lo que se debe hacer, la distancia es incalculable. Nos enfrentamos a una serie de acciones organizadas que, además, tienen el común denominador de corrupción. Esto se refiere al hecho de que todos están reclamando el cambio de sistema, sin el deseado y dispuesto en la constitución de 1987 enmendada, nunca se ha aplicado realmente, incluso al 60%. Entre un buen liderazgo y un buen sistema, queda por saber qué puede, primero, comenzar a retrasar nuestro descenso al infierno.

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